martes, 27 de marzo de 2012

Kuala Lumpur, Malasia


Después de un breve tironcito veintilargas horas en avión y los primeros inconvenientes sorteados -no poder subir al avión en Argentina por no tener pasaje de vuelta o que dos días antes de la partida los diarios publiquen que si ahorraste en pesos ya no podés disponer de tu plata en el exterior y tenés que abrir una cuenta en moneda extranjera y llenarla poco a poco con lo que la AFIP te permita-   llegamos a Kuala Lumpur, capital de Malasia.
El corazón de la ciudad lo ocupan el barrio chino y el barrio indio – ¿barrio chino y barrio indio? ¿y Malasia?- bueno, resulta que el pueblo malayo está formado en gran parte por chinos e indios, así que se podría decir que en el Chinatown y Litle India tienen sus raíces. Es como si nosotros tuviésemos un barrio rural y un barrio de las colectividades…
Es cierto que si se pudiese reducir a esta ciudad a una sola palabra esa sería Mezcla  –siempre y cuando la palabra infinitocalorhúmedyagobiante siga durmiendo plácidamente en los aposento de la inexistencia- . Así como se ven chinos, indios y malayos, se ven templos hindúes, mezquitas y templos chinos conviviendo frente a frente – o lado a lado, mejor dicho. La mezcla también es en cuanto a lo social, en no más de 10 cuadras se puede pasar de degustar un plato de cornalitos fritos debajo de un puente en  que cualquier changarín dudaría dos veces antes de tirarse a dormir abajo a cuidarle la Ferrari a un no changarín por alguna$ monedita$. Puede pasarse también, de cruzarse mujeres musulmanas bajo un manto negro que solo los ojos dejan ver a recorrer de punta a punta un par de piernas que se escapan por debajo de unas polleras cortiiiiiisimas.
De ese conjunto de cosas, a veces irreconciliables, está hecha Kuala Lumpur.
 
 El hostel

Edificio árabe contemporáneo. Vista desde la ´´plaza de mayo´´

Foto obligada

Cuevas de Batu


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